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martes, 17 de noviembre de 2009

LA IRA PRODUCE DESPRESION






«Después de cada pendiente, hay una bajada».
(Jezarel Mayorga Gutiérrez).



La ira es una indignación o enojo, o un deseo de venganza por un disgusto que se ha recibido. Lo contrario de la ira es la paciencia, o sea la virtud que impide que en un momento de contrariedad nos dejemos vencer por la tristeza.
Siempre que se presenta la depresión ella tiene una causa que le ha provocado. Aunque no logremos conocer cuál es la causa que produjo la depresión, esa causa siempre existe.

Los especialistas afirman que aun en individuos muy inclinados a la tristeza y a la melancolía, siempre que se presenta la depresión, ella se debe a un agente agresivo que la hizo aparecer y la desencadenó.

Ese agente desencadenador de la depresión puede estar dentro de nosotros mismos, enfermedad corporal o nerviosa, o recuerdos amargos, o sustos por el futuro, o disgusto por el presente, y puede provenir también de afuera. La persona o cosas o acontecimientos que nos producen disgustos.

Muchísimas de las depresiones se deben a una reacción que sentimos frente a una agresión que nos hacen, o a un rechazo o desprecio, o una humillación.

LA ETERNA DEPRESION

Hay innumerables depresiones cuya causa es una desilusión que se ha sufrido. Y nuestra más frecuente respuesta ante estas agresiones es la ira, y ella lleva una cadena directamente hacia la depresión.

La ira va dirigida contra la causa que provoca el disgusto que se siente. Puede sentirse ira contra la mala salud que se tiene, o contra la situación económica crítica que se está padeciendo, o contra los hechos lamentables que se han sucedido, ejemplo una infidelidad, violaciones, pérdida del trabajo, etc. Impotencia por no poder controlar lo sucedido.

Hay personas espantosamente deprimidas durante toda su vida, porque en su niñez fueron brutal e injustamente tratados por sus padres o tutores, y esa ira o disgusto que hay en su interior o en su subconsciente contra tales injusticias y malos tratos, les produce continuas depresiones.

Por eso hoy está siendo tratada la enfermedad de la depresión por «la sanación de los recuerdos», que consiste en el perdón de todos aquellos que nos hicieron daño ya sea en la niñez, adolescencia o la vida adulta.

En todo ser humano hay dos emociones sumamente fuertes: el amor y la ira. El amor bien llevado puede conseguir efectos muy saludables, pero la ira es una emoción dañina para el alma, la mente y el cuerpo.

Es una emoción verdaderamente destructora y es difícil encontrar en el ser humano una emoción que le sea más perjudicial y cuyos efectos sean más negativos.

MECANISMO DE DEFENSA CONTRA LA AGRESION

La ira es un mecanismo de defensa contra la agresión. Cuando nos sentimos agredidos por el desprecio, el rechazo, la injuria o el trato injusto, la ira tiende automáticamente a estallar, y ella provoca inmediatamente un deseo de atacar, de lastimar, de destruir y de hacer mal al injusto atacante.

El ataque de ira puede producir una depresión tan violenta que podría llevar hasta la muerte.

Los hospitales están llenos de personas que no superan controlar la ira. La ira produce tensión, que es el estado nervioso en el que los nervios están demasiado tensos debido a la acción de fuerzas que los excitan a estar más estirados y tensos de lo que normalmente deberían estar.

En la juventud el organismo tiene bastantes energías que son capaces de soportar, hasta cierto punto, las tensiones nerviosas, pero apenas van pasando los años, las fuerzas de defensa se debilitan y vamos perdiendo capacidad de aguante y el cuerpo afloja en su resistencia, y la ira va produciendo en él las úlceras estomacales, la tensión demasiada alta, la colitis, jaquecas, migrañas, falta de apetito y de sueño, y una procesión interminable de males y enfermedades, que incluyen hasta un derrame cerebral.

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